Anoche, tomaba un vino en una bonita copa, o al menos así me lo parece a mí y comentaba que hay que saborear esos sorbos de buen vino, y que detenerse a hacerlo es fácil. Sólo hay que dejar resbalar el nectar por las papilas gustativas, impregnar la pituitalia y sentir su sabor y disfrutarlo.
Claro que saborear la vida me parece mucho más complicado que el vino, a veces la miro por el espejo retrovisor de los sentimientos o de la memoria y recuerdo aquellas frases de Borges "si pudiera volver a vivir... si tuviera otra vez la vida por delante... "
Y es como un día le decía a mi amiga Marta, "sé que pensarás que queda mucho tiempo por delante para conseguir cosas, pero a mí, siempre me quedarán veinte años menos ".
No lo digo por quejarme (sé que estareis pensando, ya está Lola con su natural pesimismo), no, en absoluto, lo digo porque quiero seguir pensando que el futuro es hoy y que hay que aprehenderlo mirando el espejo retrovisor sólo para adelantar, nunca para aparcar.
Los problemas: los reales, no los imaginarios.
La vida no está dentro de una botella que se descorcha, se oxigena, que se pueda oler y degustar en una copa del mejor cristal. La vida está llena de miedos, de inseguridades y de omisiones.
Hay algo fundamental para saborear la vida: la dignidad.
Decía Chillida que "un hombre debe tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo"
Esa dignidad, inherente al ser humano, su principal valor, que permite, dentro de su capacidad creadora, modelar la vida tomando decisiones en el ejercicio de su libertad.
La dignidad supone un profundo respeto hacia una misma y hacia los demas y a su vez, la exigencia de reciprocidad. No podemos olvidar nunca que si alguien o nosotros mismos queremos destruirnos lo primero que perderemos será la dignidad.
La dignidad promociona autonomía, dilucida las culpas, es inflexible en la autoestima, hace que seas protagonista de tu biografía, que nadie decida por tí, ni te marquen parámetros sociales o emocionales, que busques el camino de tu propia felicidad y la incardines.
En fín, que una puede predecir o planear lo que va a hacer, difícilmente lo que va a sentir. Por ello, los taninos de la vida deben llevarte a tu propia dignidad y poder saborear esos escasos y bellos momentos de paz, de felicidad... sin miedos.
!Viva la dignidad¡
LOLA
